La exposición química y nuestro sistema endocrino - ChemicalSafetyFacts.org
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El sistema endocrino es el conjunto de glándulas que producen hormonas que ayudan a regular el metabolismo, el crecimiento, el desarrollo, la función de los tejidos, la función sexual, la reproducción, el sueño y el estado de ánimo, entre otras cosas. El sistema endocrino se compone de la pituitaria, tiroides, paratiroides y las glándulas suprarrenales, así como el páncreas, los ovarios (mujeres) y los testículos (hombres).

El sistema endocrino funciona casi todo el tiempo y por una buena razón. Nuestros organismos cuentan con las hormonas para llevar adelante muchas funciones corporales diarias y los cambios corporales que se producen a lo largo de nuestras vidas.

Dada la importancia de la actividad endocrina para la salud humana, es comprensible que las personas se preocupen luego de leer algunos artículos en las redes sociales más populares que aseguran que la exposición a algunos productos químicos pueden “causar” efectos duraderos sobre la salud del sistema endocrino humano. A veces, estas sustancias químicas se conocen como EDC, o “disruptores endocrinos químicos”.

¿Cómo podemos hacer para ver más allá de los titulares y entender lo que nos dice la ciencia? Algunas sustancias químicas, tanto naturales como artificiales, pueden y deben interactuar con el sistema endocrino. Existe una gran confusión en cuanto a si esta interacción es perjudicial en sí misma, o si la actividad endocrina podría causar daños por encima de ciertas dosis o en determinados niveles y frecuencias de exposición.

Exposición & de potencia

La interacción entre las sustancias químicas y el sistema endocrino depende del tipo y la duración de la exposición a la sustancia química, la frecuencia de exposición, la potencia de la sustancia y la forma en que el organismo absorbe y elimina una sustancia. La potencia es una consideración muy importante cuando se habla de posibles disruptores endocrinos. Una simple analogía es el grado de sensación de ardor en la boca que surge del consumo de diferentes tipos de pimientos picantes. Algunos tipos de pimientos, como los jalapeños y los habaneros, producen una respuesta más fuerte que otros, como los pimientos cera caliente.

Es la interacción de estos factores (exposición y potencia) que puede determinar si la respuesta del sistema endocrino es positiva, neutral o negativa.

Los científicos tienen un amplio conocimiento, gracias a décadas de investigación sobre los productos químicos naturales y sintéticos y sobre cómo los diversos niveles de exposición pueden causar diferentes efectos. Está bien establecido en la comunidad científica que, si bien una sustancia particular puede ser beneficiosa para las personas en la dosis correcta, la misma sustancia podría causar una respuesta diferente, incluso daños, en dosis más altas. Este principio de dosis y respuesta se aplica a todos las sustancias químicas, naturales y sintéticas, que se utilizan en una variedad de aplicaciones, como los productos cosméticos, para el cuidado personal, farmacéuticos, para la protección de cultivos y la fabricación industrial, entre otros.

La manera en que las sustancias químicas interactúan con el sistema endocrino depende de una variedad de factores, tales como la forma en que se utilizan las sustancias químicas, si alguien está realmente expuesto a la sustancia química, a qué nivel y por cuánto tiempo. Es la interacción de todos esos factores la que puede determinar si la respuesta del sistema endocrino es positiva, neutral o negativa.

¿Qué queremos decir con esto? Los siguientes ejemplos pueden dar claridad al asunto:

  • Efecto positivo: Los anticonceptivos orales, cuando se toman según lo prescrito por un médico, permiten la planificación familiar.
  • Efecto neutral: Los fitoestrógenos de soja a base de plantas de origen natural, presentes en la leche y bebidas como el café con leche de soja, pueden interactuar con el receptor de estrógeno para causar una respuesta endocrina. Los fitoestrógenos son mucho menos potentes que el estrógeno producido por el organismo. Si bien el consumo típico de café con leche de soja puede afectar temporalmente el sistema endocrino, no hay evidencia clínica que establezca que dicha exposición pueda causar daño o tener efectos duraderos.
  • Efecto negativo: En concentraciones relativamente altas, se cree que el pesticida DDT hace que las cáscaras de huevos de las aves sean más delgadas. Prohibido en los EE. UU. y Canadá en la década de 1970, los niveles de DDT en el medio ambiente han disminuido. Con esa disminución en las exposiciones, las poblaciones de aves se recuperaron y, ahora, el DDT se utiliza de una manera controlada para matar los mosquitos en las zonas tropicales y para combatir la malaria.

La actividad endocrina frente a los interruptores endocrinos

Muchas sustancias pueden interactuar con los componentes del sistema endocrino. Pero el hecho de que una sustancia interactúe con el sistema endocrino no significa que resulte en un efecto negativo. Las sustancias que van más allá de una interacción sencilla y causan efectos adversos para la salud se llaman interruptores endocrinos. Un interruptor endocrino es una sustancia que altera directamente la función del sistema endocrino y, en consecuencia, provoca efectos negativos para la salud.

Es importante tener en cuenta que no todas las sustancias químicas que interactúan con el sistema endocrino representan un riesgo de daño; en muchos casos, el organismo se adapta de forma natural y no hay efectos en la salud. El hecho de que una sustancia tenga actividad endocrina no significa que sea un interruptor endocrino.

El interés del público en torno a las EDC surgió por primera vez después de la publicación del libro de Theo Colborn y otros dos profesionales, Our Stolen Future, hace casi 20 años. Desde ese momento, el tema no ha dejado de atraer el interés público para el estudio científico y para la discusión de políticas del gobierno sobre sustancias químicas. A continuación, se explora la evolución tanto de la ciencia como de la política pública en torno a los EDC.

Perspectivas y políticas globales sobre los EDC

Puede ser alarmante oír que los productos químicos podrían afectar nuestro sistema endocrino o “sistema hormonal”. Si bien los estudios científicos detrás de estos problemas pueden ser bastante complejos, es importante saber, desde el punto de vista de los consumidores, qué se está estudiando y qué organizaciones científicas nos guían con hechos.

La identificación de los EDC es una tarea científica y técnica compleja. Los gobiernos de todo el mundo analizan la mejor manera de estudiar y probar los efectos sobre el sistema endocrino y determinar si cierta exposición a sustancias químicas específicas es un motivo de preocupación. Los Estados Unidos y otros países están aplicando un enfoque basado en la ciencia que tiene en cuenta tanto los peligros potenciales de una sustancia química, así como la exposición y la potencia. En Europa, se presenta la discusión sobre la adopción de un enfoque de categorización o basado en la lista que solo considera los peligros para identificar las sustancias químicas de actividad endocrina. No se tiene en cuenta el riesgo real que puede presentar la sustancia química.

Estados Unidos: Enfoque basado en el riesgo

En los Estados Unidos, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) ha establecido un programa de detección endocrina basada en la ciencia que se centra en la protección de la salud pública y el medio ambiente. La EPA utiliza métodos de ensayo validados y de alta calidad para determinar qué sustancias tienen la posibilidad de interactuar con el sistema endocrino. Posteriormente, la EPA evaluará las sustancias con un determinado potencial para determinar si se producen efectos adversos y qué exposiciones desencadenan este tipo de respuestas. En general, esta prueba incluye exposiciones a niveles mucho mayores a los que normalmente podrían estar expuestas las personas.

Después de esta prueba, la EPA someterá a una evaluación completa de riesgos a las sustancias químicas que causen efectos adversos, por lo que los investigadores podrán entender el potencial de exposición a la sustancia química y la probabilidad de daño en los escenarios de la vida real. Esta evaluación del riesgo basada en la ciencia ayuda a los científicos a determinar los “márgenes de seguridad”, la diferencia entre los niveles de exposición que producen efectos adversos y los niveles de exposición típicos que experimentan los seres humanos y animales. Luego, la EPA determina si este margen de seguridad es suficiente para proteger la salud pública y el medio ambiente, incluidos los grupos que podrían ser particularmente sensibles, o si deben considerarse limitaciones en los usos de la sustancia química.

Europa: Propuesta de categorización

En la actualidad, la Unión Europea está considerando una “categorización” o un enfoque basado en una lista que podría identificar las sustancias químicas de actividad endocrina únicamente por su “riesgo”; es decir, la posibilidad de que la sustancia química pueda causar daño. Muchos científicos han criticado este enfoque por que se aparta de los principios científicos bien establecidos. En lugar de evaluar las posibilidades, la exposición y el riesgo, como la EPA y otros programas basados en la ciencia, la UE se propone definir y crear dos grandes categorías: Categoría 1: Disruptores endocrinos “conocidos” y Categoría  2: “Presuntos” interruptores endocrinos. Mientras que los científicos pueden reconocer la importante distinción entre disruptores endocrinos “conocidos” y “presuntos” (es decir, un “presunto” disruptor endocrino se refiere a una sustancia que tiene el potencial para interactuar con el sistema endocrino, pero que no está demostrado que cause algún efecto adverso), otros pueden no ver tan claramente esta diferencia. Para el público en general, es probable que esta distinción matizada genere un grado de confusión y alarma innecesario.

El enfoque que considera la Unión Europea tampoco tiene en cuenta las consideraciones basadas en la ciencia en cuanto a la fuerza o la exposición. Lo que significa que, independientemente de la debilidad con la que una sustancia interactúe con el sistema endocrino, o cuán mínima podría ser una exposición, si una sustancia química se ubica en cualquiera de las listas, los consumidores podrían alarmarse por la mera presencia de la sustancia en el producto. Tal alarma innecesaria podría activarse incluso aunque la ciencia demostrase que la cantidad de sustancia química que se utiliza en un material o producto es tan minúscula que no podría causar un efecto negativo en la salud. El enfoque propuesto por la UE va más allá de “la abundancia en la precaución”, y se centra en lo que es la cultura de la sospecha, que postula que la mera presencia de una sustancia química puede ocasionar daño.

Resumen

La ciencia continuará evolucionando y perfeccionándose, a medida que los expertos científicos y reguladores continúen examinando y mejorando los métodos de ensayo validados para la identificación de interruptores endocrinos y para comprender mejor cuáles son los niveles de exposición seguros.

El objetivo es que la ciencia permita que los reguladores evalúen razonablemente el riesgo en la vida real; la posibilidad de daños derivados de una exposición particular a una sustancia química determinada, en condiciones reales. De este modo, las personas pueden tener una comprensión real de su exposición a las sustancias químicas y conocer cuáles son los impactos ambientales y en la salud; de esta manera, podrán tomar decisiones informadas y con confianza en cuanto a los productos y las sustancias químicas que forman parte de su vida cotidiana.